Mandíbula abierta de un cocodrilo en el canal

Ensayo · Puerto Vallarta

Mandíbula

Hay animales que la evolución tardó 230 millones de años en perfeccionar. El cocodrilo es uno de ellos.

Los dinosaurios aparecieron más o menos en la misma época. Y luego desaparecieron. El cocodrilo siguió. Sobrevivió la extinción del Cretácico, los cambios de clima, los cambios del mundo, y hasta la catastrófica llegada de los primates que terminamos construyendo ciudades encima de sus ríos y canales.

Cocodrilo en el estero de Puerto Vallarta
Aguas del estero · Puerto Vallarta

Armadura

La piel del cocodrilo es una armadura biológica, placas unidas por hueso y colágeno. No se corta fácil. Ha resistido millones de años de depredadores, de rocas, de corrientes que erosionaron todas las piedras de un río, de océanos de tiempo.

Mandíbula

La mordida del cocodrilo es la más fuerte jamás medida en un animal vivo. 1,800 kilogramos por centímetro cuadrado en un cocodrilo de agua salada de cinco metros. Para poner en perspectiva, un humano muerde a unas ciento sesenta. Un león, alrededor de mil. La mandíbula del cocodrilo aplasta cualquier hueso sin esforzarse.

Fuerza de mordida · comparación
Humano160
León1,000
Cocodrilo1,800

Kilogramos por centímetro cuadrado, según el ensayo.

Es el depredador más eficiente que la vida ha producido, una máquina de supervivencia con todo lo necesario y nada más.

Cocodrilo mostrando la mandíbula
La mordida más fuerte del reino animal

Amor

Con esa misma mandíbula, la más poderosa del reino animal, la madre recoge a sus crías recién nacidas. Una por una, las carga dentro de esa boca fatal y las lleva hasta el agua, sin lastimarlas, con una precisión y delicadeza que ninguno de sus instintos violentos podría explicar.

Algo que cae muy cerca del territorio de los milagros.

¿Cómo puede haber seres capaces de contener, dentro de un mismo cuerpo, la destrucción absoluta y el cuidado más tierno? Que el mismo aparato que podría terminar con cualquier cosa en segundos también puede sostener la vida más frágil sin maltratarla.

Un cocodrilo hace instintivamente lo que a algunas personas les resulta imposible.

Pienso en eso muchas veces.

No esperaba encontrar un cocodrilo a escasos metros de la banqueta.

Cuando llegué a vivir a Puerto Vallarta, vivía en un edificio sobre avenida México. Al lado un canal, a unos pasos, una universidad, una cafetería, un terreno con caballos que bajan a tomar agua ahí mismo. Todo conviviendo sin problema: el tráfico, los estudiantes, los caballos, el agua. Y en el canal, un cocodrilo de casi cuatro metros.

Cocodrilo descansando en la orilla del canal
El cocodrilo del canal · Av. México

Me quedé paralizado.

Había algo entre la emoción y el asombro que no encontraba nombre. Un animal de ese tamaño tiene fácilmente 60 años.

Saqué la cámara, tomé fotos. Las compartí con mis amigos y no podían creerlo. Yo tampoco. Pero ahí estaba.

Lo que entonces no sabía es que era una hembra y que esa hembra estaba embarazada.

Rutina

Empecé a ir todos los días.

Me asomaba al canal antes de empezar a trabajar. Las señoras encargadas del mantenimiento del edificio ya sabían a qué iba. Me preguntaban si la había visto. A veces sí, ahí estaba, quieta junto a la orilla o flotando a pocos centímetros de la superficie del agua. A veces el canal estaba vacío y yo me quedaba un rato igual, mirando el agua donde también hay tortugas y peces a los que parece no preocuparles compartir el canal con un animal de ese tamaño.

Todos los días le llevaba mi tiempo como ofrenda a un cocodrilo que me concedía milagros chiquitos, una aparición breve para que pudiera tomar unas cuantas fotos.

Un día no vi a la cocodrila.
Vi algo infinitamente mejor.

Una cría de menos de treinta centímetros, asoleándose en la orilla. Perfecto. Idéntico en todo excepto en la escala, como una versión de bolsillo. Sentí algo que solo puedo describir como tener el corazón lleno de colores.

Poco después, llovió como no había llovido en meses.

La corriente arrastró todo lo que la ciudad acumula: plástico y unicel. El canal quedó cubierto hasta el tope con una costra espesa y colorida sobre el agua donde el bebé se había asoleado esa mañana.

Basura acumulada en el canal de noche
El canal, de noche · lo que dejamos en su casa

Se me hundió el corazón.

No supe si sentir una rabia intensa o una tristeza debilitadora.

¿Dónde está mi cocodrila?
¿Dónde está su bebé?

La cocodrila volvió.

Nunca volví a ver a la cría.

A veces me pregunto si me atraen los animales pequeños y frágiles porque alguna vez necesité a alguien capaz de conmoverse con mis necesidades. En mis momentos más frágiles y cuando nadie lo hizo.

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